Sincronización musical: cómo llega tu música a películas, series, publicidades y juegos
Una sincronización es tu música usada junto con imágenes: una escena de una serie, una publicidad, un tráiler, un videojuego, un video de una marca. Puede pagar bien y traer oyentes nuevos, pero solo si quien quiere la canción puede liberarla rápido. Aquí tienes cómo funciona y cómo prepararte.
Esto es información general, no asesoramiento legal. Las reglas y los montos cambian según el país y el tipo de uso; para un acuerdo real, lee el contrato con alguien que conozca tu mercado.
Qué es la sincronización
La sincronización («sync», en la jerga) es el uso de música en sincronía con imágenes en movimiento: películas, series, publicidades, tráileres, videojuegos, documentales, videos online de marcas. Para usar tu canción así, la producción necesita un permiso —una licencia— y paga por él.
Las dos licencias que necesita toda sincronización
Una canción grabada tiene dos derechos, y una sincronización necesita permiso para los dos:
| Licencia | Cubre | Quién la da |
|---|---|---|
| Licencia de uso del máster | La grabación | Quien es dueño del máster: el sello, o el artista si es independiente |
| Licencia de sincronización | La obra (melodía y letra) | La editorial o las editoriales, o los autores si no tienen |
Si una canción tiene cuatro autores con tres editoriales, la producción necesita que todos estén de acuerdo. Por eso los supervisores musicales prefieren las canciones one-stop: una sola persona o empresa puede firmar por el máster y por toda la obra, y responder en un día.
Cómo se cobra una sincronización
- La tarifa de sincronización: un pago único acordado para cada uso, normalmente repartido entre el lado del máster y el lado editorial. Depende del uso (una escena de fondo o la canción principal de una publicidad), la duración, los medios, el territorio y el plazo.
- Derechos de comunicación pública: cuando la película, la serie o la publicidad se emite, autores y editoriales pueden cobrar a través de su sociedad de gestión. Para eso la producción presenta una cue sheet (hoja de música) con la música usada, y tus obras tienen que estar registradas.
- Oyentes nuevos: una escena puede llevar gente a la canción. Asegúrate de que se encuentre en streaming con el mismo título y nombre de artista que figuran en los créditos de la producción.
No hay tarifas estándar. Desconfía de quien te dé un monto «típico» sin conocer el uso.
Quién coloca la música
- Supervisores musicales: eligen y liberan la música de una producción. Reciben muchas más canciones de las que pueden escuchar, así que trabajan con gente de confianza.
- Agencias de sincronización: representan catálogos y se los ofrecen a supervisores y agencias, normalmente a cambio de un porcentaje de la tarifa.
- Librerías musicales: licencian temas a muchas producciones con condiciones ya definidas. Fíjate si piden exclusividad y si les cambian el título a tus canciones.
- Editoriales y sellos con un área de sincronización ofrecen el catálogo que controlan.
- Marcas y agencias de publicidad a veces buscan música directamente, sobre todo para campañas online.
Cómo preparar tu catálogo
- Ten claro quién es dueño de qué. Por cada canción: quién tiene el máster, quién la escribió y con qué porcentajes —una split sheet firmada— y qué editorial representa a cada autor.
- Registra las obras en tu sociedad de gestión, para que te lleguen los derechos de comunicación pública.
- Ten los archivos listos: WAV en alta calidad, una versión instrumental y, si puedes, una versión limpia (sin letra explícita) y las pistas separadas.
- Metadatos dentro del archivo: título, artista, autores, editoriales, contacto, ISRC e ISWC. Un archivo que llega sin contacto es un archivo que nadie puede licenciar.
- Libera los samples. Un sample sin liberar frena una sincronización, aunque sea chico.
- Etiqueta la música como buscan los supervisores: clima, tempo, género, vocal o instrumental, tema de la letra.
Cómo ofrecer tu música
- Responde a un brief cuando te llega uno: envía lo que pidieron, no tu canción favorita.
- Corto y con enlaces: un link de streaming o un link privado, nunca adjuntos pesados, y una línea que diga que puedes liberar los dos lados rápido, si es cierto.
- Investiga antes de escribir: mira qué colocó antes ese supervisor o esa agencia y envía solo lo que encaja.
- Lleva un registro de qué canción enviaste a quién, para qué proyecto y cuándo. Evita enviar dos veces lo mismo y te ayuda a hacer el seguimiento.
Qué leer en un contrato de sincronización
- Medios y uso: dónde aparece la música (TV, cine, online, redes, punto de venta) y cómo (de fondo, destacada, en los títulos).
- Territorio y plazo: en qué países y por cuánto tiempo.
- Exclusividad: si puedes licenciar la misma canción a otros durante el plazo; una publicidad suele pedir exclusividad en su rubro.
- Tarifa y reparto: cuánto, cuándo se paga y cómo se reparte entre máster y editorial.
- Crédito y cue sheet: cómo vas a aparecer en los créditos y quién presenta la cue sheet.
- Acuerdos con agencias o librerías: comisión, exclusividad, duración y cómo recuperas tus canciones.
Errores comunes
- Aceptar una sincronización sin el acuerdo de todos los coautores.
- No tener versión instrumental cuando el supervisor la pide para el mismo día.
- Firmar exclusividad con una librería o agencia por todo el catálogo sin leer cómo se sale.
- No registrar las obras y perder los derechos de una emisión.
- Títulos distintos en el contrato, en la cue sheet y en las plataformas.
Editoriales y dueños de catálogos pueden llevar sus obras, autores, porcentajes y propuestas de sincronización —qué canción fue a qué película, serie, publicidad o juego— en TONTRIA for Publishers. Para compartir canciones inéditas e instrumentales con un link privado está TONTRIA Studio. Y para entender el resto del dinero que genera una canción, lee cómo funcionan las regalías musicales.